Thursday, July 21, 2005

Christopher Doyle


Aparentemente los días para ser salvajes entre el director Wong Kar Wai y el director de fotografía Christopher Doyle han terminado. En una entrevista aparecida hace unos días en el diario británico The Guardian, Doyle sostiene: ¿Cuántos años me quedan? ... Creo que el problema para mó es que hay gente que me importa y que son realizadores, y estoy constantemente rechazando proyectos debido a su (se refiere a los largos rodajes de Wong) situación fuera de control. El viaje ha sido maravilloso, pero hay otros grandes amigos míos que me han estado esperando."

Sobre 2046 dice: "Siento, en retrospectiva, que 2046 era innecesaria. Creo que Wong Kar-Wai lo notó en algún momento, y es por eso que le tomó tanto tiempo. Te das cuenta que básicamente habías dicho lo que tenías que decir, así que, ¿para qué decir más? Es como lo siento. Creo que eventualmente tienes que continuar."


Senses of Cinema: nuevo número en línea

Ya está en línea la más reciente edición de Senses of Cinema, la mejor revista de cine que se pueda encontrar en la red. Ahora se pública en períodos más espaciados que antes, pero mantiene la característica de contar con varios de los comentarios más lúcidos e informados de la red, así como una base de datos crítica de algunos de los grandes directores del cine.

Ahora destaco un artículo sobre esa pequeña obra maestra del último cine norteamericano llamada Elephant.



Otro artículo que relaciona, en términos filosóficos, el concepto de "hospitalidad" en Dogville de Lars Von Trier.

Una entrevista a Lisandro Alonso, director de Los muertos, una de las mejores películas hechas en esta parte del continente.


Un análisis de Lancelot du Lac de Robert Bresson

Además una continuación de un artículo sobre los trailers de las películas de Alfred Hitchcock (quien también se suma a la base de datos crítica), un análisis sobre Douglas Sirk, un perfil analítico de Clouzot, Winterbottom y mucho... mucho más.

Sunday, July 17, 2005

Azumi

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Azumi es un manga de Yu Koyama, dibujante de casi 60 años, con una larga y fructífera presencia en este género. Desde su aparición en 1997 se hizo de una gran legión de fanáticos, por lo que su transformación en una película de acción real era sólo cuestión de tiempo. La TOHO, el mítico estudio japonés, responsable de buena parte de lo más importante -cuando no de los más bizarro- del cine de su país, se hizo cargo de la adaptación.

El encargado de tal empresa fue Ryuhei Takamura, cuya Versus, un delirante filme de bajo presupuesto había llamado la atención de los fanáticos del cine de serie B y de ciertos cinéfilos con el criterio un poco liviano.


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La película cuenta el nacimiento de Azumi como héroe. La historia se ubica en el Japón feudal, cuya tradición fílmica (desde Mizzoguchi a Kitano) lo pinta como un territorio inhóspito, donde los estamentos más altos y fuertes tienen un poder tiránico frente al pueblo, siendo las mujeres, niños y campesinos los más golpeados. Al inicio de la película vemos que la madre de Azumi ha muerto y ella está abandonada en un paraje desértico, donde un hombre acompañado de un grupo de niños, se la lleva. Este sujeto es un ronin, un antiguo samurai, que ahora tiene la misión de formar un grupo de asesinos que ayudarán a mantener el orden en el reino, atacando a cualquier señor feudal que quiera combatir al poder establecido.

Este grupo de jóvenes se cría en las montañas, donde aprenderán las más sofisticadas técnicas del combate con sable. Alcanzada cierta edad, el Maestro los obliga a matar a su compañero más cercano y partir en busca de la primera misión: asesinar a tres señores feudales que intentan poner en jaque al estado actual. La película ahondará entonces, en la lucha que tienen con dos de estos señores y su bizarro séquito.

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Estamos pues, ante una historia canónica en su sentido más literal: ante la muerte de la figura materna aparece la figura paterna (y si queda duda hay una crucifixión de alguien a quien llaman Maestro) que enseñará las reglas de un mundo difícil. Es un lugar masculino, misógino y misántropo. Es la creación del mito de una mujer masculinizada, convertida en una especie de ser andrógino (para eso la capa), que blande el sable ante la maldad del mundo.

Pero todo está ambientado dentro de un universo excesivo y hasta kitsch. Los habitantes del Japón feudal forman parte de una suerte de imaginario delirante, parecen sacados de un filme de serie B de Hong Kong o un filme de Sam Raimi. Incluso la música es una versión en guitarra y sintetizador de un filme de aventuras. Se trata de una postura estética del director, legítima sí se quiere.

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En general, es una película aplicada, concentrada en sus temas y en su estética. Pero a veces, eso no es suficiente. La película es cavernaria en su tratamiento del bien y del mal, manipuladora con los sentimientos, retrógrada en el tratamiento de las diferencias (sólo los buenos son bellos, el resto de malos son sexualmente ambiguos, animalescos, feos), superficial en temas como la muerte (hay muertes y sangre por doquier). Su dramaturgia es de fórmula cuando no se muerde la cola (por ejemplo, la reacción del maestro al arribo final de Azumi). Quizás la palabra que mejor resume y describe esta película es "infantil", como gran parte del arte que quiere alcanzar un público heterogéneo.

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Se podría argumentar que esto es cine en estado bruto, es decir, un cine que usa la imagen para alcanzar el máximo movimiento posible, un cine de extensidad y no de intensidad. Puede ser que sea cierto. Pero en este caso, la palabra "bruto" adquiriría un significado muy amplio.

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Friday, July 15, 2005

A Fond Kiss... (Ken Loach)

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El realismo sucio británico fue una suerte de tendencia del cine británico de los ochenta y comienzos de los noventas. Los críticos agruparon la obra de varios directores preocupados por la dinámica social de los barrios bajos del Reino Unido, que tan poco se parecía a la imagen de corrección, pulcritud e intelectualidad que el cine tiene de los ingleses. Entre los directores de esta tendencia realista se encontraban Stephen Frears (My Beautiful Launderette, Sammy & Rosie Get Laid), Mike Leigh (Naked, Life is Sweet) y, en especial, Ken Loach.

Como buena parte de los directores británicos, Loach comenzó en la televisión, logrando el éxito en 1969 con su película "Kes", que ya desde entonces mostraba el interés del director por un cine cercano al realismo socialista. Pero Loach no ha tenido una carrera fácil, al contrario, su ánimo por la denuncia, su total desinterés en el cine como espectáculo y diversión, le han valido poco reconocimiento general, aun cuando es uno de los directores más constantes e interesantes que se pueden encontrar en la actualidad.

A la luz de los atentados en Inglaterra, vale la pena revisar uno de sus más recientes películas: A Fond Kiss... Realizada en el 2004, la película cuenta la historia de amor entre un descendiente de pakistaníes (Atta Yakub) y una chica irlandesa (Eva Birthistle).

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La historia comienza con una exposición escolar de Tahara (Sabana Bakhsh) la hermana menor de Cassim (Yakub) , frente a un letrero en el pizarrón que anuncia su apoyo a la guerra en el Oriente. Tahara critica la visión occidental del Islam y, en general, de la multiculturalidad, finalizando: "Soy una adolescente de Glasgow, de descendencia musulmana y paquistaní, quien apoya a los Glasgow Rangers en una escuela católica. Porque soy una deslumbrante mezcla y estoy orgullosa de serlo."

Lo que más o menos viene a sintetizar la postura del director. Inglaterra viene cambiando por la inmigración, y lo que resultará de este cambio tiene que adaptarse positivamente, aunque duela hacerlo.

Como una especie de Romeo & Julieta de Glasgow, Cassim y Roisin (Birthistle) ven su romance entorpecido por un mundo que no considera la posibilidad de tal unión. Cassim vive con sus padres; el papá es dueño de una bodega en la zona comercial, mientras que la madre asume el típico rol de una esposa tradicional de Pakistán (viste tradicionalmente, usa el inglés con muy poca frecuencia). Su hermana, una inteligente y sofisticada psicóloga, asume su legado pakistaní naturalmente y decide aceptar un arreglo matrimonial con un profesional descendiente de pakistaníes igual a ella. Cassim es un DJ que está a punto de abrir su nuevo negocio y espera casarse en otro matrimonio concertado con una chica que aún no conoce. Sólo Tahara, la hija menor parece estar fuera de la tradición familiar, pues quiere asumir el rol de la mujer occidental en una sociedad moderna.

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Hasta que Cassim se enamora de Roisin, profesora de música en la escuela católica a la que asiste Tahara. Esta relación desencadenará el drama familiar, pues los arreglos se hacen como una manera de obtener prestigio social y como parte de la interrelación al interior de la comunidad. El posible rompimiento del matrimonio concertado de Cassim viene a ser una ruptura al interior del núcleo familiar y una vergüenza ante los demás. Loach se dedica buena parte de la cinta a mostrar la dinámica de la tradición familiar de los inmigrantes pakistaníes, que además tratan de relacionarse y prosperar con sus vecinos nativos, como es el caso de los trabajadores que ayudan al padre de Cassim a hacer una ampliación de su casa.

Asimismo, vemos el otro lado de la moneda. Roslin acaba de romper con su novio con el que vivía y ahora tiene un nuevo apartamento. Su relación con Cassim parece no alterar su vida demasiado. Van de paseo a España, donde otros europeos pasean en la tranquilidad de las playas españolas, sale con Cassim, etc. Sin embargo, cuando el colegio católico le niega un ascenso y la posible renovación de su contrato por mantener una relación fuera del matrimonio, comienza a sentir que el fundamentalismo no sólo se encuentra en las sociedades orientales.

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Doble drama entonces para una pareja que no tenía idea la cantidad de problemas de las relaciones interraciales de hoy, considerando la posición a la que han sido puestos los ciudadanos de origen islámico. A lo que se suman las transformaciones al interior de las comunidades islámicas en occidente, que ven alteradas sus costumbres y modo de vida, a favor de nuevas maneras de relacionarse.

Como es de esperarse, considerando obras tan bien manejadas como "Riff Raff" o "Bread & Roses", A Fond Kiss nunca se desborda más allá de lo permitido. No hay concesiones innecesarias, ni guiños al espectador, aunque el tono del final no sea tan duro, y en general, el director no se aleja demasiado de las convenciones. Es menos duro que "Bread & Roses", otro filme que también exponía una relación sentimental a los conflictos interraciales y de clase.

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Ken Loach es un director de mensaje. Su concepción del cine es básicamente la de un medio para exponer ideas y plantear los problemas sociales, no para entretener ni para plantear problemas del medio. Es más, creo que en sus mejores películas el medio funciona de un modo invisible, cuya retórica no afecta al mensaje. Y este sea quizás el problema fundamental de A Fond Kiss, quedarse demasiado en los límites genéricos del melodrama familiar y la historia de amor imposible por las relaciones sociales. Es un tema que se ha mediatizado demasiado, y pese al uso de algunos actores no profesionales, Loach no logra alcanzar la profundidad de análisis que ha logrado en otras cintas, ni plantear problemas más urgentes (como sí lo logran algunas películas de John Sayles, Laurent Cantet o los Dardenne, por ejemplo).

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Aun así, la película pone en el tapete un puñado de temas interesantes. Tiene una gran fuerza emocional, unas interpretaciones por encima del sobresaliente. Si bien no es uno de los mejores filmes de Ken Loach, es un filme que tiene mucho que ofrecer, en especial ahora, que la inmigración es tratada con tanta ligereza y no se piensa en los aspectos más internos de ella.

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Wednesday, July 13, 2005

OLDBOY

Con la reciente y alarmante noticia de un posible remake de OLDBOY por parte de un "yes man" de Universal Pictures, me animo a escribir un par de palabras sobre esta película, antes que nos arruinen el recuerdo. Sólo espero que Park Chan-wook haya recibido una buena cantidad de dinero.

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Chan-wook Park forma parte de una generación de directores que son considerados una "nueva ola", pero que en realidad forman parte de un interesante sistema cinematográfico. Tras la caída de la dictadura en 1992, el Estado koreano les exige a las distribuidoras y exhibidoras locales que tengan un porcentaje de producción nacional, de manera que, se limita la introducción de películas foráneas y se permite tener un mercado diversificado para el cine local, que no sólo se preocupe por recuperar costos, sino que pueda satisfacer las exigencias de diferentes audiencias, fanáticos del cine de terror, cine cómico, melodrama, cine de autor, etc.

Park es filósofo de profesión, se dedicó la crítica cinematográfica hasta que Joint Security Area, su tercer largometraje se convirtió en un éxito de público. OLDBOY forma parte de una suerte de trilogía que el director se ha planteado sobre el tema de la "venganza".

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La historia es bastante intrincada. Oh Daesu (el extraordinario Choi Mik-sik) es un tipo medio irresponsable que de repente es secuestrado por 15 años en una habitación. Sus captores lo alimentan, mientras él va haciendo un diario de todas aquellas personas a las que les ha hecho daño. Finalmente, un buen día, deciden dejarlo libre. La pregunta entonces es ¿por qué?...

Detrás de todo esto hay un gran secreto, y contar más de la historia sería arruinar parte del encanto del filme. Y es que OLDBOY es una suerte de puzzle épico en el que todos los elementos al final forman una gran imagen, un conjunto complejo de elementos sentimentales.

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La película tiene algo de Grand Guignol en su afán por llevar al extremo las relaciones de los personajes sus sentimientos, sus derrotas y sus anhelos. Pero también tiene de drama jacobino, de hecho, hay dos grandes movimientos en la narrativa del filme, una compuesta por la venganza de Oh Daesu, y la otra venganza ejecutada por el que podríamos llamar el "villano" de la película, compuesto por Ju Yi-tae (otro magnífico actor). Ambas venganzas parecen dispersas hasta cierto momento del filme donde aparecen las grandes revelaciones, alcanzando ribetes trágicos, dignos de cualquier obra de la Grecia clásica.

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OLDBOY es una montaña rusa emocional, explora con intensidad visual, cada uno de los sentimientos de los personajes, mostrándonos una violencia que por ratos está plagada de un sentido del humor bastante ácido.

Visualmente, Park apela a una serie de registros que le permiten crear esa sensación de rompecabezas que tiene el filme. Pasa de la narración en off a la fantasía, del registro verista a los recuerdos, de la pesadilla al presente, etc. con una facilidad y naturalidad envidiables. De hecho, el director tiene un gran talento narrativo y dramático encomiable. La preocupación de Park por los detalles no sólo se queda en la narración, sino que inundan todos los elementos que se encuentran en el encuadre. Recordemos sino el uso de elementos como el papel tapiz de la habitación-presidio, que en su patrón rítmico nos trae a la cabeza la idea misma de rompecabezas que acapara el filme, o el uso del agua en el edificio del villano, que trae también a la mente una escena importante en el desarrollo de la trama.

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La música es sensacional. Aunque nada destaca en particular, las versiones medio estandarizadas de uno de los movimientos del invierno vivaldiano se lucen magníficamente y son un contrapunto brillante para las imágenes que el filme desplega. En general, la banda sonora contribuye notoriamente con ese sabor épico que despide OLDBOY, con sus tonos melodramáticos, melancólicos, dignos de un filme de aventuras.

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En suma, una película notable, atípica, que nos muestra un universo personalísimo, cargado de sentimientos, de pericia técnica, de ideas claras, como poco de lo que se ve en el cine actual.

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