Thursday, October 20, 2005

Viewing Log: narcisismo puro

Siguiendo la tradición ciberné(rd)tica de poner una lista de películas nuevas que se ha visto en un período, haré una lista mensual. Esta es la que corresponde a setiembre, mes de terrible inactividad de mi blog:

Por orden de visión:

1. Sympathy for Mr. Vengeance de Park Chan Wook. Por cierto, una película fascinante y una película, a mi gusto, mucho mejor que OLDBOY.

2. Ucellacci e Uccellini de Pier Paolo Pasolini. El placer de ver al ucellini favorito de PPP: Ninetto Davoli, en una película brillante. Por cierto, siempre entendí que se trataba de un cuervo perteneciente a la inteligentsia socialista.

3. Assasination of Richard Nixon de Niels Muller. Mucho mejor de lo que esperaba.

4.Meet Me in St. Louis de Vincent Minelli. Aunque los números musicales no son exhuberantes, se trata de uno de los filmes más bellos de la época. Es un verdadero placer escuchar a la Garland.

5. Stagefrigth de Alfred Hitchcock. El cine de Hitch nunca cansa, aun cuando no se trate de una obra maestra. La Dietrich no pierde oportunidad para mostrar sus números musicales y Hitch se manda unas tomas directamente tomadas de von Sternberg. El villano del filme es de antología.

6. Teorema de PPP. Uno queda como transformado luego de esta más que brillante parábola de ribetes cristianos. Y eso que no cuento el placer de ver a Silvana Mangano en uno de esos roles de "mujer rica pero sexualmente insatisfecha, frívola pero infeliz, y con una autoconsciencia de clase que le habrían ahorrado varios dolores de cabeza a la corono británica." Además de Laura Betti alcanzando la santidad. También aparece Ninetto entregando cartas mientras vuela como un pajarillo.

7. 3 Iron de Kim Ki-duk. La última media hora de esta película es poco más que fascinante, es cine en su estado puro. Kim es capaz de hacer una obra brillante como esta y una cosa tan mamarrachienta como su Spring, Summer y demáses. En todo caso, se trata de una cinta excepcional, como pocas de las que se han realizado en los últimos años.

8. Sin City de Robert Rodriguez. Los vanos intentos de RR de ser novedoso e interesante. Una banda sonora hecha por un adicto al speed metal o alguien que trabaja taladrando pisos. La cinta tiene sus momentos, pero desfallece al intentar dar unidad a algo que quedaba mejor como viñetas, como episodios sueltos en el aire.

9. The Fury de Brian de Palma. Esta película me convenció que los Douglas tienen mala vejez. A los que no se les da por casarse con chicas 30 años menores que ella, les da por salir semi desnudos y jugar al decrépito héroe de acción. La película es insufrible, pese a su gusto por la serie B y pese a John Cassavettes.

10. Last Days de Gus Van Sant. Mi comentario sobre este filme está en otro post, más abajo.

11. Stella Dallas de King Vidor. La última vez que lloré tanto por algo, fue con Andrea Chernier. El melodrama de sacrificio en su mejor expresión. El movimiento de cámara final que hace Vidor sobre la Stanwyck, me recuerda a ciertos fragmentos de Breaking the Waves. Y no puedo dejar de asociar el despertar final de la Bergman de Stromboli, al sentimiento que la niña despierta en el alma de Stella Dallas.

12. A Tale of Cinema de Hong Sang-soo. Si se trata de hacer cine inteligente y arriesgado, ya sabemos hacia dónde ir. Hong es un director in progress, alguien que parece estar haciendo los cimientos de grandes obras. Esperaré un poco más para dar mi opinión sobre este director, que hasta ahora viene haciendo las cosas muy por encima del promedio.

13. Le Boucher de Claude Chabrol. Uno de los clásicos del director francés que muestra los límites entre una sociedad civilizada y los instintos humanos más profundos.

14. El ángel ebrio de Akira Kurosawa. Nuevamente AK demostrando por qué es una de las figuras centrales del cine. Como el Fellini post neorealista, AK prefiere una puesta en escena que tiende hacia un estilo clásico, controlado y funcional. Si hay algo que da a entender cada película de Kurosawa es que un director de cine es, sobre todo, un creador de imágenes.

15. Palindromes de Todd Solondz. Ejercicio formal medio tramposo. Ya comentaré más adelante.

16. Super espías de Danny Pang. Hong Kong hi tech, para un director con escasa imaginación.

17. A la verticale de l'été de Ann Tran Hung. Vietnamita radicado en Francia, haciendo una mezcla medio pesada de Lou Reed, exotismo oriental, intentos Chejovianos y fotografía preciosista. Hay tanto de realidad en esta película, como en la sonrisa de Tom Cruise.

18. House of Bamboo de Samuel Fuller. Sospecho que esta es una pésima introducción al cine de este director, la historia es bastante sosa, la cinematografía está un poco mejor, pero poco ayuda a una cinta que quiere decir tan poco en tanto tiempo.

19. Wayward Cloud de Tsai Ming Liang. Uno de mis favoritos hace una obra delirante, excéntrica y polémica. Salvo el final, que borda el esperpento, la película está bastante bien, aunque sin llegar a los niveles de Good Bye Dragon Inn o The River.

20. Die With Your Boots On de Raoul Walsh. Me da la impresión que nadie editaba con la velocidad con la que se trabajaban los filmes de este director. Tanto White Heat como Die with... se adelantan varios años al aburrido de Scorsese y sus imitadores. La escena de despedida entre Flynn y De Havilland podría ser una película por sí misma.

21. Nightmare Alley de Edmond Goulding. Ya le dedicaré un poco más de tiempo a esta obra fascinante, que me ha enseñado varias cosas valiosas sobre el cine y sobre el mundo mismo. Tyron Power es de esos actores que ya no pueden existir porque el mundo se ha hecho más pequeño, parafraseando a Norma Desmond.




Tuesday, October 18, 2005

Los 15 años de IMDB


Tengo que admitir que le tengo mucho cariño a IMDB. De hecho, fue la primera página a la que ingresé en uno de los tres salones de la UdeL que permitía que los alumnos más curiosos entráramos, por una hora, a conocer un novedoso invento llamado Internet.

Desde entonces, es mi referencia para chequear los datos de las películas: qué ha hecho antes el director, el reparto, si la película tiene premios, links a críticos de medios como el NYT, el Village Voice, WSW, el a veces gracioso Mr. Cranky, y mis favoritos, DVD Beaver.

Las dos peores cosas que tiene son las críticas de los usuarios, en un 95% opiniones cargadas de ignorancia, y los messages boards, también responsabilidad de unos usuarios que parecen tener un sistema que les permite escribir desde los cojones a la PC.

Para terminar de malograr su buena imagen (y quizás sea la razón de las cosas malas), acaban de publicar una lista de las mejores 15 películas según el staff de IMDB. Francamente, creo que se la escribió un ejecutivo de PR de una distribuidora gringa o del Blockbuster. Simplemente patética. Y ni qué decir de sus comentarios año a año, en el que se enteraran de grandes hechos que han marcado la historia del cine de los últimos 15 años, como los rompimientos entre Bradd Pitt y Jennifer Anniston, o el de Tom Cruise y Nicole Kidman.

Christopher Doyle ... again

Filmmaker Magazine acaba de poner en circulación su nuevo número. Entre otras cosas, destaco la entrevista a Christopher Doyle, el más endiosado de los directores de fotografía actuales. Independientemente de lo brillante de su trabajo, creo que la gente tiende a inflar mucho su participación en el resultado final de una película (alguna vez leí la opinión de algún cretino que decía que sin él Wong Kar Wai no sería nada), como -citando a All About Eve- si se olvidaran que el piano no compuso la sinfonía. En todo caso, se manda unas declaraciones que tienen mucho de verdad. Estos son unos fragmentos que traduzco:

"Creo que la diferencia (entre el cine norteamericano y el asiático) es el nivel de energía. Asia está como la nueva ola australiana, el cinema novo brasileño, la nueva ola francesa. ¿Por qué? Porque hay una confluencia de intenciones y economía, aquellos elementos que funcionaron bien antes. Lo que es extraño en occidente, -bueno, no tan extraño-, es que la gente está perdida. Seamos honestos (se ríe). Ya sea que culpen al 11 de setiembre o a la falta de educación de las escuelas, la gente está perdida."

"El clima actual en la mayoría de los países occidentales es anti-artista, poque la función de un artista es abrirle los ojos a la gente, y esa no es la función de una meritocracia petrolera texana. Hello! Y cada persona en el mundo real ve esto, y es por eso por lo que nosotros (los asiáticos) hacemos el cine que hacemos. Porque ustedes no tienen la libertad, no tienen la integridad. Tienen que hacer remakes de todo lo que hacemos. Voy a ver a Martin Scorsese y le digo: "¿No crees que debería decirte acerca de los lentes?" Él me dice: "¿Qué quieres decir?" Y le digo: "Bueno, estás haciendo un remake de mi film Inffernal Affairs. Película que fue probablemente escrita en una semana, la filmamos en un mes y tú vas a hacer un remake. Ja, ja, ja. ¡Buena suerte!"

Doyle acompañado de Tom Twyker en la Berlinale 2003

Sobre Shall We Dance? (2004): La nueva versión es el pedazo más grande de mierda. Uno no sabe de qué mierda se trata. Y la versión original no es precisamente arte. No estamos hablando de un Kieslowski o Tarkovsky. Estamos hablando de una película del mainstream japonés, y ni siquiera pueden hacer eso bien.

Sobre The Aviator: "Si Martin Scorsese puede hacer un pedazo de mierda llamado "The Aviator" y entonces hacer un remake de una película hongkonesa, ¿no crees que ha perdido el camino? Piénsalo bien. "¡Necesito mi Oscar! ¡Quiero mi puto Oscar!" ¿Están los americanos locos? No hay una sola persona de los votantes del Oscar que sea menor de 65 años. Ni siquiera saben como conectarse a Internet. No tienen idea de lo que es el mundo real, No tienen más experiencias visuales. Lo que tienen son preocupaciones. Así que, ¿por qué un gran director como Scorsese tiene que chupársela a los miembros de la Academia con una mierda llamada The Aviator? ¿Y ahora tiene que hacer un remake de nuestra película?".

Thursday, September 15, 2005

Last Days

Algo pasó en la mente de Gus Van Sant cuando un amigo suyo le mostró una versión de Satantangó de Béla Tarr. Afincado en una industria cada vez más sosa (salvo notorias excepciones), el director parecía haber encontrado una serie de nuevas ideas para recomenzar su carrera como director interesante. Aun cuando varias de sus películas en Hollywood tengan cierto interés, en especial Good Will Hunting, una película que pese a tener un guión algo predecible, está manejado con un sentido del drama que sólo los mejores directores son capaces (me remito en especial a las secuencias con Minnie Driver). Su proyecto de Psycho, ampliamente criticado, tiene algunos puntos interesantes sobre la puesta en escena, la imposibilidad de re-crear un filme al pie de la letra, etc. Mucho más abajo están To Die For y sobre todo Finding Forrester, que más parece una floja película para televisión.

La primera etapa de Van Sant tiene su punto más alto en My Own Private Idaho, una cinta sobre dos jóvenes dedicados a la prostitución. Este filme es una suerte de adaptación del Henry IV de Shakespeare, convirtiendo a Falstaff en un explotador traficante y vago, y al futuro Henry V en el heredero de una fortuna familiar. Pero, mientras que en la obra de Shakespeare, el paso a la sociedad legal se produce a favor del orden establecido (una nación que recibe del fango a un valiente rey), en MOPI se produce una pérdida espiritual, una traición a la naturaleza libre de la calle.

"Gerry", trabajado junto a Matt Damon y Casey Affleck (quien me parece cambió de apellido recientemente), es minimalismo puro. Un hecho (un paseo en el desierto), una acción (la búsqueda de algo no determinado), un par de personajes, un lugar (el Death Valley de innumerables filmes míticos como Greed de Stroheim) son los elementos básicos para (des)armar una narrativa más que una historia. En este film, acompañado de la música de Arvö Part, el director utiliza la repetición de la estructura básica de una narración dramática y las desnuda, nos muestra su composición, nos muestra el esqueleto de lo que un filme es, léase, enfrentamiento de fuerzas contrarias, creando a partir de la naturaleza misma un mundo abstracto.

"Elephant" lleva esas reflexiones a un hecho todavía más concreto: la tragedia de la escuela secundaria Columbine. Aquí no se trata de re-utilizar la narrativa del periodismo, ni la del drama cotidiano. Es más bien una suerte de revisión del imaginario colectivo adolescente (el outsider, los profesores, la dificultad del mundo adolescente, las relaciones familiares, el mundo estetizado, las relaciones entre pares, etc.), enfrentados con lo más diabólico de la cultura, es decir, la violencia gratuita, injustificada, que nace quizás de la propia naturaleza humana que todo un sistema trata de ocultar a través de sus aparatos culturales. A mi juicio, esta es la obra definitiva del director.

"Last Days", sin llegar a las grandes dimensiones del filme predecesor es un filme poco menos que notable. La película nos muestra las últimas horas de Blake (Michael Pitt), un cantante de grunge inspirado en el malogrado Kurt Cobain, inexplicable ídolo musical de los noventas. A través de la poco más de hora y media del filme, vemos a Blake murmurar melodías, letras de canciones, frases inconexas; mientras se encuentra sumergido en una suerte de estado de letargo producto de alguna droga dura. Las referencias a la realidad del otrora líder de Nirvana son constantes a través de detalles como la casa donde fallece el músico, la visita de músicos amigos suyos para que entre en rehabilitación (cameo de la mismísima Kim Gordon), el look mismo de Blake, etc.

El filme entonces, se concentra en estos últimos días, pero de una manera atípica. La temporalidad como en "Elephant" es indeterminada (aunque a diferencia de ésta no pertenece a ningún punto de vista); vemos escenas que comienzan dos o tres veces, no hay un sentido cronológico claro (la música que abre y cierra el filme nos da la sensación de una forma cerrada), no sabemos si entre un hecho y otro pasan horas o días.

No hay, tampoco, el más mínimo interés en un retrato psicológico, al contrario, Blake es una especie de símbolo. Lo que para mí se convierte en el meollo del asunto. Blake como el líder de Nirvana, pertenece a una cultura que considera que el arte es básicamente una cuestión de "expresión personal". Es una idea muy difundida (cuyo punto de partida es el romanticismo y su punto más álgido es el expresionismo abstracto), pero como nos muestra el mismo filme, se muerde la cola a sí misma. Veamos. La música grunge parte de la idea que el rock americano de finales de los ochentas (la época de la explosión del hair metal) necesita dejar su lado frívolo, aparatoso, comercial, y regresar a la expresión pura, sin importar si se trata de una voz desafinada, unas guitarras sin mayor trabajo de afinación, un patrón rítmico mínimo, etc. En fin, una idea del rock democratizada a partir de una suerte de imperativo categórico emocional: un artista es más válido cuanto más condiciones tenga para expresar lo que siente, independientemente de la (im)pericia técnica.

Blake es precisamente la encarnación de esto. Es un tipo que sólo vive para sentir, ya sea mediante la ayuda de drogas o de los fantasmas que podrían atormentarlo. Su música es precisamente la puesta en escena de esa expresividad en estado puro que tanto parece haberle gustado a la cultura del grunge.

Este último punto es quizás lo que hace que más se diferencie este film de género del bio pic. Películas como "Amadeus", "Tous les matins du monde", "Pollock", "Ray", entre otras, toman al personaje principal y realizan una suerte de hagiografía dramática, donde el artista es víctima de aquellas pasiones que aparecen como una suerte de don divino (como bien lo expresaba el Salieri de Forman), muy a pesar de la sociedad y de ellos mismos. Los fantasmas de Blake son casi inexistentes, su mundo es el de casi un autista, impenetrable, incapaz de relacionarse con nadie realmente.

Alrededor de Blake pululan una serie de personajes que viven como en una especie de culto al cantante. No le hablan directamente (salvo cuando necesitan algo), lo dejan andar todo el día en el estado que quiere, etc. Son como los sacerdotes del mito cultural, aquellos que contribuyen a que la idea del creativo excéntrico se pueda mantener. Ellos al mismo tiempo se encuentran encerrados en su propio universo de placer (música, drogas, sexo, alcohol, etc.), que ciertamente es de una índole más comunitaria, pero que simboliza la suerte de canibalismo con la que la cultura trata a estos ídolos emocionales.

"Last Days" acaba con la ascención del "santo" a los cielos mientras suenan las voces de un motete de Janecquin, un músico renacentista, representante de aquella época en que la música era un camino a la espiritualidad, pero que se basaba en principios formales estrictos y la caprichosa "expresión personal" era una cuestión que quedaba lejos del arte. Por lo menos del verdadero.









Saturday, September 10, 2005

Café Lumière

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Hou Hsiao-hsien es uno de los más importantes directores que aparecieron en la década de los 80s en Taiwán. Aunque, ciertamente, nació en un pequeño poblado rural de la China contiental. Para muchos, uno de los autores más visionarios del panorama mundial cinematográfico actual y que a la fecha cuenta con alrededor de 20 películas.

La obra de Hou es árida, compleja, absolutamente ajena a cualquier parámetro del cine como entretenimiento. Sus largas tomas, con las que se le asocia permanentemente, lo hacen uno de los directores menos atractivos para la industria, consiguiendo una alarmante escasa distribución mundial, y la chance de verlo se reduce a las posibilidades de los festivales locales y, gracias a Dios, al DVD.

A Hou le gusta experimentar constantemente, aun cuando apele a una serie de constantes iconográficas, temáticas y de estilo. Cada film suyo de los estrenados en la última década apuesta por un régimen de puesta en escena y puesta en serie diferentes. En Flowers of Shanghai, por ejemplo, opta por una narrativa episódica, con una cámara que se mantiene fija durante el registro. En Millenium Mambo, se trata de un film apoyado en la memoria, con largas tomas acompañadas de música que parecen arrancadas de algún sueño. En The Puppet Master se trata de una entrevista a un titiritero real, acompañadas de la dramatización de su vida, y así.

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Café Lumière apuesta también por un registro diferente aunque, me parece, no desentona con la obra general del autor. El film nace como un proyecto de encargo de la compañía Sochiku, uno de los grandes estudios del Japón, que celebraba el centenario del mítico Yazujiro Ozu. Por esta razón CL se encuentra ajena a ciertos contenidos temáticos de la obra anterior de Hou, como sucede con las relaciones entre memoria e historia (que eran la base de filmes como Puppet Master o Good Men, Good Women).

Así, el film toma una serie de elementos iconográficos y temáticos derivados del cine de Ozu: los trenes arribando a la estación, la familia conversando durante una comida, los problemas de la modernidad frente a los valores tradicionales tan caros a los japoneses, las tomas largas, etc. Pero que ahora se encuentran rodeados de las reflexiones y del rigor estilístico del director chino.

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Aunque el filme no tiene una trama, en el sentido de una historia concatenada a partir de acciones, hay una narrativa que el espectador puede interpretar a partir de lo expuesto: Yoko (Hitoto Yo), una joven japonesa que vivía en Taiwán, le cuenta a su familia (madrastra y padre) que se va a convertir en madre soltera, a la par que investiga sobre un músico taiwanés que vivió en el Japón. Mientras pasa esto, aprovecha su tiempo para visitar a Hajime (Asano Tadanobu), un librero que se dedica a grabar los sonidos de la cadena de trenes que se encuentran en Tokyo.

Como en otros filmes del director, estamos frente a una mujer que se encuentra en un momento decisivo de su vida, desafiando a un sistema opresivo por naturaleza, aun cuando la nueva sociedad japonesa le permite potencialmente vivir una vida tranquila como madre soltera. De hecho, Yoko parece llamada a convertirse en una outsider por su renuencia a algunas reglas tradicionales a partir de su rechazo a hacer una familia con el taiwanés (rechazándolo además porque no se encuentra a gusto con la familia grande del sujeto y por el negocio familiar). Asimismo, por realizar pequeños detalles mal vistos por su madrastra, una persona de provincias (donde se resiste más a abandonar las costumbres de las sociedades tradicionales), como sucede cuando Yoko pide sake y vasos de una vecina.

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Estamos en un Tokyo impersonal, donde las viejas tradiciones son solo un recuerdo, una fotografía descolorida (como las que encuentra al entrevistar a una pariente del músico taiwanés), locales famosos que ya nadie recuerda, largos viajes en el tren, etc. Pero también, nos encontramos ante una familia disfuncional, donde las posibilidades de real comunicación se han extravíado, a pesar de que se comparten algunas actividades que en el Japón tradicional servían como procesos de integración familiar, léase la visita al cementerio, las comidas familiares, etc.

Yoko y Hajime mantienen una relación basada en una compañía tácita, pero fiel (recordemos como Hajime la acompaña mientras duerme); compartiendo los datos de la investigación, haciéndose regalos sin mayor efusividad, mostrando las cosa que hacen (como los gráficos que Hajime le muestra a Yoko), en suma, compartiendo su soledad.

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Al igual que este film es una suerte de espejo de un film de Ozu, la cinta de Hou se dedica a crear mundos que se reflejan unos a otros: el padre de Yoko se encierra en su mutismo, mientras que la madrastra se frustra por no tener la autoridad paternal para encaminar a su hijastra; Hajime crea un gráfico en la que él se dibuja al centro como un feto cubierto por una matriz formada de vagones, mientras que la ciudad se encuentra rodeada de vías ferreas; Hajime, una japonesa que escapa del clima mercantilista de Taiwán (simbolizado por la familia industrial), investiga la vida de un músico taiwanés que disfruta los valores tradicionales de Japón; en la estación del tren (un lugar público) Hajime y Yoko se encuentran más cerca de lo que ella se encuentra con su familia al interior del hogar (lugar privado).

Café Lumière es, a fin de cuentas, una espiral del mundo, un espacio cíclico en que las cosas parecen que se repiten una vez sobre otra. Es una reflexión sobre un tiempo casi cíclico que a manera de una espiral repite la misma historia, pero alterando los elementos, es la misma figura repetida en cantidad, pero que al mismo tiempo tiene un inherente cambio cualitativo. Es como la metáfora misma del nombre, que alude a los Lumière, aquellos franceses pioneros que filmaban con la cámara fija y que filmaban a las personas salir y entrar a los trenes.

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