Monday, April 17, 2006

Match Point: el ocaso del juego

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Match Point es el último trabajo realizado por el director norteamericano Woody Allen, otrora prominente figura de lo más logrado del cine de su país, y ahora algo venido a menos a la luz de sus más recientes trabajos. Y es que, como lo comentara en un post anterior, el director de filiación judía parece haber perdido el rumbo intelectual que animaba lo mejor de su obra realizada durante las décadas de los ochentas y los noventas.
Alejado de su idealizada Manhattan, plagada de nerviosos intelectuales de clase media, el director parece haber sido alcanzado por la vorágine artificial de la torpeza etnocéntrica de Hollywood. Si en cintas como "Anything Else" o "Melinda & Melinda" encontrábamos a un Allen incapaz de entender las nuevas relaciones sociales de su país, en su incursión al mundo de la alta burguesía inglesa nos topamos con un Allen superficial, portador de una reflexión simplista sobre la vida, que no duda en apelar a estereotipos y a la autoindulgencia.

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Veamos. La película cuenta la historia de Chris Wilton, un arribista irlandés (Jonathan Rhys Meyers) que por azares del destino se involucra con una floreciente familia británica, entablando una relación sentimental con la tímida hija (Emily Mortimer), recibiendo el apoyo de todo el clan familiar. Todo marcha bien, hasta que se encuentra con Nola (Scarlett Johansson), una fallida actriz norteamericana, prometida del hijo de la familia (Matthew Goode), con la que rápidamente entabla una relación ilícita, al menos para los planes matrimoniales y sociales de ambos. Como cualquier persona que conoce una telenovela puede suponer, este es el centro del conflicto del filme, y el punto del problema moral de Wilton.

Como cualquier obra de Allen, la cinta tiene una serie de referencias culturales: las tragedias operísticas del bel canto del XIX (a las que cita constantemente), el suspenso criminal a lo Hitchcock, Dostoievsky, pero sobre todo, las películas del mismo Allen. La cinta es evidentemente una suerte de revisión moral de "Crimes and Misdemeanors", la bergmaniana visión sobre las acciones y las consecuencias que Allen realizó brillantemente en los años ochenta, aunque también toma elementos de otras cintas (la mujer sin rumbo que interpreta la Johansson podemos hallarla en filmes tan diferentes como "Hannah and her sisters" o "Alice"). En cualquier caso, las referencias lejos de enriquecer el filme, tienden a ser la base sobre la que Allen trata de recrear el significado, sin tratar de ampliar las ideas que cualquier referencia cultural podría apuntar en su calidad de idea a priori. Es más, el director apela a una serie de estereotipos más o menos rudos (como el retrato de la familia británica) que expone con escasa convicción.

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La prensa británica, siguiendo esta misma línea, ha criticado duramente el uso del lenguaje de Allen, al que han llamado "una versión turística del habla londinense", pues los diálogos suenan tremendamente artificiales para un británico. A lo que podríamos añadir que -en castellano- algunas frases, como la que le suelta Chris Wilton a Nola cuando se conocen, no podrían ser más artificiales (parafraseo): "¿Qué hace una norteamericana en medio de la alta burguesía inglesa?" . Y ni qué decir de algunas secuencias poco imaginativas, como la de la seducción en el campo durante la lluvia, tras una pelea, que incluso un director de comerciales dudaría en utilizar. A lo que habría que sumarle el uso de las locaciones "turísticas" más comunes de Londres, lo que seguro le ha ahorrado harto dinero a la Johansson, pues ya no va a tener que gastar en postales de Londres.

Pero la cereza del pastel está en lo que podríamos llamar el significado profundo del filme. En "Crimes and Misdemeanors", en todo sentido hermana mayor de esta cinta, veíamos una serie de personajes envueltos en un mundo caótico, donde las respuestas parecían difíciles de encontrar. ¿Qué fuerza movía a que un probo rabino judío quedara ciego, mientras que un asesino llevara una vida próspera? ¿Cómo es posible que el éxito y el talento /trabajo duro no vayan juntos como sucedía con los personajes de Alda y Allen? ¿Qué hace que algunos vivan intentando alcanzar una vida plena (como la hermana del director) mientras que otros que parecen haber resuelto todo su esquema intelectual se suicidan (como el filósofo que era materia del documental)? ¿Dios y la verdad no son lo mismo como discutían el padre del personaje principal y su atea hermana comunista? En fin, estábamos frente a toda una serie de preguntas que parecían morderse la cola a sí mismas, dada la complejidad que presentaban.

En "Match Point", el director ya no se hace problemas, nos da una respuesta metafísica a los misterios de la vida con una soltura de huesos que Paulo Coelho, estoy seguro, dudaría en asumir. "Todo depende de la suerte" es la constante monserga de la película. Ciertamente, es una tesis que bien explicada puede resultar medianamente interesante, pero el director no hace nada para discutirla, al contrario, lo que hace es ilustrarnos esta frase simplista, repetirla por aquí y por allá, mientras la historia nos hace una demostración de la idea. No sé si Allen subestima a su público o nosotros lo hemos estado sobrestimando.

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En todo caso, la cinta no es una pérdida total. Como todo Allen, estamos ante una cinta bien narrada, con ciertos puntos de interés, con unos actores más o menos buenos (en especial la Johansson, Rhys-Meyers y Goode), con secuencias interesantes como la del reencuentro con los fantasmas, etc. Allen se ha convertido en un director para pasar el rato, para tomar una taza de café, mientras tenemos la tv prendida.

La caperucita del cuento

A pesar de que este blog no tiene un mínimo interés político, no puedo dejar de estar preocupado por lo que podría pasar en mi país durante los próximos meses...

Afortunadamente, el humor siempre ha sido la mejor respuesta para sobrellevar las grandes crisis. Esto apareció en La República (www.larepublica.com.pe) del jueves 13 de abril.

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Tuesday, January 24, 2006

El adiós de Nice Guy Eddie


En plena indecisión de ver una película hoy entré unos minutos a curiosear a metafilter, cuando me encuentro con una de esas tristes noticias que uno no quisiera recibir nunca: el fallecimiento de Chris Penn, más conocido como "Nice Guy Eddie" en la archifamosa "Reservoir Dogs", y quizás la mejor,película de QT.

Penn, hermano de Sean fue encontrado muerto en su departamento de L.A., los detalles no los tiene nadie aún. Lo que sí se sabe es que Chris fue uno de los mejores actores que florecieron en la década de los 90 y que avivaron la industria con su look poco convencional, cuando no la representación casi patológica de la neurosis del mundo moderno. Al igual que Steve Buscemi, Tim Roth, Vincent Gallo, Samuel L. Jackson, William H. Macy, etc., fue pieza fundamental en las mejores cintas de los últimos años.

Sus créditos incluyen además una fabulosa actuación en la mejor cinta de Abel Ferrara (cuando no, la única película que le soporto a ese director): "The Funeral", en una de las aventuras cosméticas de Tony Scott llamada "True Romance", así como parte del elenco coral de una de las mejores cintas de Robert Altman, Short Cuts.

So long, Nice Guy Eddie...

La dama de Musashino (Kenji Mizoguchi)

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Musashino, en la actualidad, es una de las zonas más densamente pobladas de Tokyo (más de 10,000 personas por kilómetro cuadrado), pero en la película de Kenji Mizoguchi es una zona cuasi rural, que se convierte en el escenario para una de las transformaciones más profundas de la sociedad japonesa.

El film comienza poco antes del fin de la Segunda Guerra Mundial (dos años de fundarse Musashino como ciudad). En el centro de la historia está una mujer, como sucede casi siempre en el cine de Mizoguchi, considerado uno de los más grandes directores de mujeres (junto a George Cuckor, Ingmar Bergman y Pedro Almodóvar). Se trata de Akiyama Michiko (Tanaka Kinuyo), descendiente de un antiguo samurai y, por lo tanto , perteneciente a los vestigios de lo que fue una sociedad basada en el honor, en la posesión de la tierra y en el respeto a la tradición de los antepasados. Ella está casada infelizmente con un profesor, un intelectual algo frívolo, oportunista y extremadamente egoísta.

Sus únicos parientes son sus padres (que mueren al final de la guerra, como mueren algunas instituciones tradicionales japonesas directamente implicadas en la aventura bélica), un primo casado con Tomiko (Todoroki Yukiko) una casquivana mujer que recibe abiertamente los valores occidentales y otro primo, Tsutomu (Katayama Akihiko), mucho más joven, que ha ido a servir a la guerra.

Lo que sigue es el terreno en el que se mueve Mizoguchi: el más puro melodrama. Tsutomu se enamora perdidamente de Michiko, mientras que el esposo corretea a cuanta mujer se le cruza incluída Tomiko, quien a su vez se siente atrapada en un infeliz matrimonio y aplacada por la soledad. Un buen día Tomiko y el esposo de Michiko (ambos ajenos al grupo familiar) deciden escapar y robarle la casa y las propiedades a la abnegada Michiko, quitándole todo aquello que ella respeta en la vida y por lo que se ha negado a ceder ante el amor de su primo y permitir las sinvergüenzadas del esposo: el honor.


Para evitar esta perdida, no solo para ella sino para los vestigios del clan familiar, Michiko toma una medida radical: decide suicidarse y ceder las tierras a sus primos. Así, las tierras se quedarán dentro del clan y ella no se verá envuelta en un escándalo de divorcio que podría manchar su honor familiar.

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"La dama de Musashino" es entonces la historia, en tono de melodrama, de esta recomposición a la que se somete la sociedad japonesa luego de la guerra, aquella que tuvo que soportar la invasión occidental, pero que nunca perdió del todo sus valores tradicionales, sino que los transformaron y adaptaron a las nuevas necesidades, a una visión del mundo menos etnocentrista, sino que mira al futuro con cierta esperanza. Tal como lo hace Tsutomu (en una secuencia muy parecida a la que Truffaut realizaría años después en los 400 golpes) al caminar por los parajes de Musashino y llegar a una pequeña colina en la que puede contemplar la nueva Tokyo, aquella ciudad embestida por la guerra y la cultura occidental, pero que se resiste a morir.

Pero la cinta es también una historia de sacrificio femenino, que por cierto parecían fascinarle al director. La entrega de Michiko hacia unos valores superiores a ella se suman a la lista de heroínas en desgracia que forman parte esencial del mejor melodrama (como sucede en filmes tan diferentes como Stella Dallas, Europa 451, Breaking the Waves o Vera Drake) y que Mizoguchi manejará de manera magistral en otros filmes tan espléndidos como este, tales como"La vida de Oharu" y "Ugetsu Monogatari."

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El estilo de Mizoguchi (uno de los directores más importantes de Japón, comparable solamente a Ozu y Kurosawa) es como siempre notable en la composición de encuadres expresivos, que tratan de condensar los sentimientos de los personajes y seguir efectivamente la trama (recordemos que KM es probablemente el más clásico de los tres directores).

"La dama de Musashino" no está entre los filmes más populares y celebrados del director, en parte porque Mizoguchi no recibe la atención que tiene un Kurosawa (merecidamente claro) y que hace que pocas personas puedan ver la obra del director en profundidad. Sin embargo, creo que se trata de una película por encima de lo notable, digno producto de una de las mentes más brillantes del cine mundial, una experiencia excepcional, cargada de aquella intensidad emocional que solo las grandes obras pueden ofrecer.

Saturday, January 14, 2006

Adiós Shelley...



Shelley Winters, una de las más notables actrices del Hollywood clásico falleció ayer a los 83 años.

La Winters fue una de las primeras y más notables actrices del "método", aquella generación de actores que siguiendo la escuela de Lee Strasberg (inspirado a su vez por el ruso Konstantin Stasnilavsky) tratan de replicar su existencia diaria en los personajes que componen. Frases como "memoria emocional" comienzan a hacerse conocidas en actores que parecen "vivir" los personajes que componen, tal como lo demostraron Montgomery Clift, Marlon Brando, Eva Marie Saint, Karl Malden, James Dean, Kim Hunter, Robert De Niro, Al Pacino, entre otros actores más recientes.

Los mejores personajes de la Winters, la muestran nerviosa, al punto del colapso emocional. En "Lolita" de Kubrick, cuya dicción y ademanes parecen entorpecidos por una suerte de condición existencial, como harta de la vida que le ha tocado vivir.

En "A Place in the Sun" de George Stevens hace uno de los papeles por los que más será recordada, el de una mujer obrera que se "interpone" en las ambiciones de Monty Clift, y es asesinada casi de casualidad.

Con su amigo y profesor de Shakespeare, Charles Laughton hizo "The Night of the Hunter", una expresionista fábula infantil en la que también es asesinada por su esposo.

Shelley siguió trabajando hasta hace poco (incluídas apariciones en televisión), participando en varias películas más o menos conocidas, pero que ya no tenían el gusto que caracterizó al viejo Hollywood.

Hasta pronto Shelley...